Por un aviso que dio el historiador Javier Eduardo Ramírez López, en días recientes supimos que varios importantes padrones del siglo XVIII que pertenecieron al Archivo de la parroquia llamada del Sagrario de la Catedral Metropolitana de México fueron ofrecidos para la venta pública por Morton Subastas como lote 34 para la subasta del 21 de julio. Al conocer la situación, Morton retiró el lote de la subasta, pero ahora es importante garantizar que los padrones regresen al archivo al que pertenecen. Sabemos que la sustracción es antigua, quizá de mediados de los años 80, pues los documentos ofrecidos fueron microfilmados en 1961, pero ya no fueron registrados por Óscar Mazín y Esteban Sánchez de Tagle en una publicación colectiva que da cuenta de más de un ciento de padrones de la parroquia del Sagrario, aparecida en el año 2009.
Al mismo tiempo, supimos que varios documentos cortesianos tomados del Archivo General de la Nación fueron subastados, y nuestra colega académica María del Carmen Martínez Martínez, quien está realizando un índice razonado de documentos cortesianos, pudo precisar la signatura en el ramo Hospital de Jesús del AGN de los documentos vendidos a precios altísimos en 2017, 2019 y 2020 por las galerías Swann, Christie’s, Sander y Bonham’s, y otro más se subastó en Morton en 2014. La sustracción debió ser reciente y no se conoce su extensión.
Los historiadores no olvidamos la sustracción de la Información Guadalupana de 1556 mandada hacer por el arzobispo Montúfar, cuya ausencia en el Archivo del Arzobispado de México advirtió el historiador sueco Magnus Lundberg en su libro de 2002 sobre Montúfar. El documento pasó a manos privadas.
La Academia Mexicana de la Historia se pronuncia a favor de que estos y otros documentos sustraídos sean reintegrados a los archivos de los que provienen, pues forman parte de la memoria de la humanidad. Al mismo tiempo, es necesario que estos y otros archivos mexicanos, civiles y religiosos, reciban el apoyo necesario, de fondos públicos y privados, para que, junto con los historiadores, realicen el trabajo necesario de conservación, restauración, digitalización, estudio y difusión de los documentos a su resguardo.
